7 cosas sobre Creatividad que aprendí con la Familia Plómez

Roberto Gamonal y Juanjo López llegan al taller con aire informal. Una breve presentación. Gubia, linóleo y a carvar. Esperaba una gran charla que colmara mi tipomanía, lo reconozco, pero me resigno y comienzo a calcar mi dibujo y a grabar. Descubro enseguida que me va a hacer falta una gran dosis de paciencia que no tenía prevista.

A los 20 minutos empiezo a reconocer que el linóleo no va a ser lo mío. “Carvas como con odio”. Es el primer feedback que me lanza la Familia. Me hace gracia. La verdad es que es la primera vez que carvo y no tengo ni idea de cómo hacerlo. El material me parece un poco duro, aún calentándolo con un secador, e intento acabar lo antes posible. El carvado me parece eterno pero me animo pensando en el resultado. Lección primera: Todo es demasiado rápido en la creación digital.

Como si no hubiera un mañana, logro terminar el dibujo. Cambio de gubia tres o cuatro veces. “Esta gubia es muy tosca, chica” -me comentan-. Bien, quizás no sea yo, es que he cogido una mala herramienta -pienso-. Pero en un rápido vistazo al trabajo de mis compañeros me doy cuenta de que no van por ahí los tiros. Los linóleos de los demás son armónicos y bien tallados. El mío parece hecho a bocados. Lección segunda: La herramienta no hace al maestro.

Llega la hora del color. ¡Por fin! No tengo ni idea de por dónde empezar pero la dinámica parece sencilla: delantal, un poco de criterio y a abrir latas. Las tintas metalizadas me parecen interesantes para experimentar con ellas. Elijo plata, me recuerda a aquellos maravillosos años de pantone 877 diseñando catálogos de lujo desde una pequeña agencia de Tarifa para los promotores de Marbella. Vuelvo al presente. Es el momento de preparar la tinta.

Apenas mojando el pico de la espátula me doy cuenta que el se expande enormemente con la ayuda de un rodillo. De repente alguien me comenta que existe una tinta traslúcida para mejorar los resultados de sobreimpresión ¡Los ojos como platos! Lección 3: Hay que abandonar más la silla y bajarse a la batalla. Con una pequeña cantidad, me da para imprimir 7 u 8 veces la ilustración. Me gusta la idea de hacer degradados con dos colores. Mezclo el plata con un poco amarillo. El resultado irisado no es lo que esperaba pero me resulta curioso. “Parece una balsa de aceite” -me dicen- ¿No está la familia hoy un poco quejica?

Toca elegir papel y me voy hacia la mesa de estampación. Me doy cuenta de que la ilustración no va a quedar centrada por mucho que lo intente, lo que me genera cierta tensión. Lección 4: Los publicitarios nos hemos acostumbrado a resultados excesivamente perfectos.

La mañana siguiente se reserva para componer los textos. Un mensaje, claro. He olvidado lo mejor del trabajo y sobre la marcha se me ocurre una frase. Pienso en un texto en cursiva, pero no hay letras de madera en cursiva del tamaño que quiero. Lección 5: La totalidad de las posibilidades sólo existe en el mundo digital. Roberto me ayuda a montar una pequeña frase justificada a cuerpo 36 en el sacapruebas. El proceso de montar las letras al revés es bastante divertido. Confundimos la letra d con la b y las primeras pruebas de texto quedan bastante extrañas.

A la hora de elegir el color de la tipografía tengo mil dudas. A mi disposición están el azul, el verde, el naranja y el amarillo y no sé cómo quedarán junto a la balsa de aceite. “Ponle un color cálido que contraste” -buena orientación. Gracias, Roberto-. Lección 6: Los criterios de toda la vida sirven en el momento que menos te lo esperas.

Después de varias pruebas consigo la composición. La que más me gusta es la que no lleva plata, no por la balsa de aceite, sino porque el resultado de la tinta metalizada ha quedado muy apagado y rancio al secarse. Uno de los degradado de azul a rojo del dibujo ha dado un resultado interesante que levanta la ilustración. El texto, después de muchas pruebas, ha quedado más o menos donde quería y el resultado me mola.

Finalmente la pieza no tiene nada que ver con lo que esperaba, pero me resulta un buen ejemplo de la última lección que aprendí con la Familia Plómez: Que tememos mucho al error y olvidamos que experimentar es parte del proceso creativo.

Muchas gracias a Roberto y Juanjo por su tiempo, su ayuda y su humor. Y a Marta y Fátima de Les Chevalets por hacer que todos nos sintiéramos realmente como en una gran familia.

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Redactora publicitaria. Desarrollo estrategias y conceptos creativos 360º para marcas y empresas. Estoy especializada en Marketing de contenidos y Comunicación Digital.